EDUCAR EN TIEMPOS DE CRISIS
EDUCAR EN TIEMPOS DE CRISIS
-Una
reflexión sobre Educación-
"Educar en tiempos de Crisis" de
Antonio Pérez Esclarín, un artículo escrito en agosto de 2002, que tiene tanta
fuerza y vigencia en estos momentos, no sólo en Venezuela sino también a nivel
mundial: Guerras, radicalismos, exclusión, libertinaje, jóvenes masacrando jóvenes,
falta de comunicación, falta de compromiso, intolerancia, descuido de nuestro
planeta y por tanto de nosotros mismo.
Como padres, docentes y sociedad nos toca darle
un giro profundo a la forma de educar y de esta manera construir un mundo mejor
para nuestros hijos, en el cual ellos sean los protagonistas del cambio.
En un artículo anterior escribí mis reflexiones
sobre cómo los docentes debemos adaptarnos a los cambios producto de la interculturalidad,
la globalización y la tecnología. Con ellas deben producirse cambios justos y
necesarios en lo que se enseña y cómo se enseña. También debemos aprovechar
estos tres factores al máximo, para plantearnos qué hicimos mal o qué podemos
hacer mejor, para educar a los jóvenes en valores ciudadanos y emocionalmente
saludables. Es nuestro deber como padres, docentes y sociedad.
Para reafirmar la que quiero transmitirles, me
permito resumirles los puntos específicos sobre aquellos aprendizajes que
debemos inculcar, a través del artículo de Perez Esclarín
La
educación debe promover y garantizar las competencias esenciales para la sana
convivencia y el ejercicio de una ciudadanía responsable
-Aprender a no agredir ni física, verbal, y/o
psicológicamente a nadie, requisito indispensable para la convivencia social.
La agresión es signo de debilidad moral e intelectual. Hay que aprender a
resolver los conflictos mediante la negociación y el diálogo, de modo que todos
salgan beneficiados de él, tratando de convertir la agresividad en fuerza
positiva, fuerza para la creación y la cooperación, y no para la destrucción.
-Aprender a comunicarse, a dialogar, a escuchar
al otro como portador de verdad. Hablamos y hablamos, pero no nos esforzamos
por entender lo que el otro trata de decirnos.
-Aprender a interactuar con los otros, a valorar
y aceptar las diferencias culturales, de raza y de género, sin convertirlas en
desigualdades. Aprender a tratar con cortesía, a colaborar, es decir, a
trabajar juntos, a decidir en grupo, a considerar los problemas como retos a
resolver y no como excusas para culpar a otros.
-Aprender a cuidarse, a cuidar a los otros, a
cuidar el ambiente, las cosas colectivas, los bienes públicos que pertenecen a
todos. Aprender a esforzarse y a trabajar con responsabilidad y calidad, medio
esencial para garantizar a todos unas condiciones de vida digna, (vivienda,
alimentación, educación, trabajo, recreación, salud, ropa…), como factores
esenciales para la convivencia pacífica. Si no se cuenta con condiciones
adecuadas de vida y muchos apenas sobreviven penosamente, no será posible la
convivencia, por tanto la defensa de los derechos humanos esenciales se
transforma en el deber de hacerlos posibles y reales para todos.
-Aprender a valorar la propia familia, cultura y
religión, a reconocer y afincarse en las raíces culturales y sociales; a
respetar las familias, culturas y religiones diferentes dentro y fuera de cada
país. El fanatismo es odio a la inteligencia, miedo a la razón.
-Aprender a desarrollar la autonomía personal, la
confianza, el respeto, la responsabilidad y la corresponsabilidad, el
compromiso personal y social, la cooperación y la solidaridad. Educar en la
solidaridad supone despertar la comprensión, el amor, el sentido de justicia
actuantes.
Espero que este valioso aporte de Pérez Esclarín,
nos invite a reflexionar sobre la forma en que educamos a nuestros hijos y a
nuestros alumnos. Como madre, docente y especialista en el área, observo que
tenemos mucho que hacer: los invito a compartir más con sus hijos; a enseñarles
con su ejemplo a resolver y abordar conflictos de forma saludable; a que les
ofrezcan más actividades para convivir con otros y menos pantallas; a
enseñarles a ser responsables con sus cosas, con las de los otros, con el
planeta; a hacerlos responsables de sus actos (los buenos y los no tanto); a
dejarlos resolver sus conflictos y asumir sus responsabilidades; enseñarlos a
valorar lo que tienen en un sentido amplio, no solo lo material; a escucharlos
más como forma de enseñarlos a escuchar a otros; a no juzgarlos sino orientarlos;
enseñarlos a compartir, a dar sin esperar nada a cambio.
No quiero despedirme sin dejarle al aire la
siguiente pregunta: ¿Si para el 2002, Pérez Esclarín, estaba planteando este
tema con tanta claridad y estamos en el 2021, no deberíamos estar actuando de
una forma más contundente?
Lic. Cristina Soler
Si quieres leer el artículo completo, aquí te dejo el link:
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